lunes, 30 de junio de 2008

...Alemania a segunda otra vez!!!


Aún recuerdo la final de la Eurocopa del 2008...

Yo era un joven y atractivo adiestrador de roedores del tipo "ratón-pianista", una variedad muy poco conocida que habita entre los pinares y la garriga de la España más mediterránea. Aquella tarde regresaba del congreso estatal de fabricantes e intérpretes de instrumentos musicales diminutos, a bordo de un destartalado autocar. Ya había asumido que me perdería el partido, puesto que mi estúpido ayudante Bob Cercano no había sido capaz de conseguir dos plazas en otro autobús con un horario más conveniente. - Cercano, maldita sea! Deje de apoyar su jodido codo psoriásico en mi reposabrazos! -. He de reconocer que estaba bastante irascible por perderme tamaño evento (hasta el momento no había tenido mucha suerte y probablemente la final de la Eurocopa era el acontecimiento más importante de mi vida) y cualquier movimiento de Bob, por insignificante que fuera, me resultaba irritante.

Justo en el momento en el que el pasaje del autobús empezaba a alborotarse con el comienzo del encuentro, el chófer anunció que se iba a realizar una parada técnica por "temas de conducción", circunstancia que aprovechamos para ver el primer período en un área de servicio atestada de circunstanciales hinchas en nuestras mismas circunstancias. Tomé asiento junto a dos jubilados japoneses quiénes me invitaron a compartir su mesa cuando reconocieron mi bigote al estilo oriental. Encendí un Pall Mall azul mientras Cercano se acercaba al mostrador del self-service. El muy ingenuo no tardó en regresar con dos miserables sándwiches de cangrejo, si bien un leve parpadeo por mi parte fue suficiente para hacerle caer en la cuenta de su error –Cercano, maldita sea! Estos caballeros japoneses están hasta las cataplines de sándwiches de cangrejo, haz el favor de traer algo más selecto -. Cercano asintió avergonzado por su detestable gusto culinario.

Tras deglutir un ragú a la napolitana acompañado de tagliatelle y escamas de queso de cabra (un tanto seco por cierto), nos despedimos, muy ceremoniosos, de los honorables japoneses, quiénes previamente habían celebrado el gol de Torres asesinando a tres o puede que cuatro eunucos cuyo tono de voz era verdaderamente desesperante, mientras la muchedumbre aplaudía fuera de sí. Recordé la noticia sobre aquella secta mariana cuyos sexagenarios miembros eran intoxicados con sustancias alucinógenas suministradas secretamente en las eucaristías…

Seguimos el resto del partido a través de la radio del vehículo. Aunque de vez en cuando se escuchaba algún cántico futbolero de la parte trasera del autobús, no llegaban a cuajar en el resto del pasaje (un auténtico homo-balompedicus nunca hubiera pasado un trance como éste metido en un jodido autocar). - Cercano, maldita sea! Cante un poco! Esto no lo anima ni Pepe Reina! - Mi famélico ayudante se giró en su asiento, simulando torpemente que dormía.

Cuando llegamos a cocheras todo había terminado: España se proclamaba campeona de Europa y la selección alemana estaba abocada a pasar un añito en el infierno de la segunda división. Mientras Cercano recogía el equipaje, aproveché para enviar telepáticamente un mensaje a Don Juan Carlos: “cuidado con los alemanes majestad, acuérdese de la segunda guerra mundial...”. La contestación del primero de los españoles no se hizo esperar , y me sentí mucho más tranquilo cuando me aseguró (telepáticamente) que “el triunfo de la selección nacional de futbol me llena de orgullo y satisfacción.”

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