
Aquella noche desperté en el sótano de un bar. A pesar de que la bofia ya había marcado mi silueta en el suelo, me sentía mejor que nunca. La puñalada entre la cuarta y la quinta vértebra ya casi no me molestaba; solamente sentía una leve punzada cuando me agachaba para recoger alguna colilla. Subí las escaleras arrancando los fragmentos de una botella de tequila que aún seguían clavados en mi frente. Salí de aquel lugar procurando no tropezar con el resto de los cadáveres. Un poco desorientando y con un extraño sabor a sangre ajena en el paladar pregunté a los demás como llegar a casa... Por supuesto nadie contestó. Regresé al sótano, me acomodé dentro de mi silueta y cerré los ojos. La ciudad ya había empezado a olvidarme.
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